Cuentos con Ciencia

sábado, 17 de mayo de 2014

El zapatero hechicero


Esta fábula es un cuento para pequeños escépticos. En ella se investigan fenómenos atmosféricos, y se invita a construir y experimentar con un juguete que da volteretas.

Por una parte, es la historia de quienes rellenan huecos y generan ilusiones colectivas. Por otra, es la historia de alguien a quien los demás atribuyen poderes que no tiene: la historia de un valiente, que prefiere afrontar la verdad a continuar una mentira que pueda protegerle. Se la dedicamos a todos los escépticos, a los valientes que se enfrentan a las mentiras extendidas, para quitar el velo de los ojos de quienes creen sin saber que creen.

Cuento

Érase una vez un zapatero. No me refiero a una persona que fabrica o vende zapatos, ni tampoco a un mueble para guardar zapatos… El protagonista de este cuento es... ¡un insecto! Un insecto rojo con manchas negras. A estos insectos les llaman antropófilos porque viven cerca de las casas de los humanos. En concreto, nuestro protagonista vivía en una granja.


Un día tranquilo, estando con sus hermanos en una col lombarda, sintió un escalofrío. Se agarró muy fuerte a la hoja en la que estaba subido y de pronto todo empezó a darle vueltas. “¿Acaso estoy enfermo? Me siento mareado.” De repente, se dio cuenta de que estaba dando volteretas sin parar, él solito, ladera abajo. No podía parar de dar vueltas. Tantas, tantas vueltas dio, que pasaron varias horas hasta que por fin se paró. Y entonces, se dio cuenta de que ya era de noche y de que estaba en un bosque desconocido para él.

De pronto, un mono se cruzó en su camino. El mono reconoció en sus manchas algo que había visto antes. En algunas tribus humanas del bosque, había visto a individuos con máscaras, que eran como aquellas manchas. Las utilizaban en reuniones que hacían en plena noche, en las que cantaban y bailaban alrededor de una hoguera. Aquel mono tenía mucho miedo al fuego, pero sobretodo, tenía mucho miedo a los humanos. Se corría el rumor de que los humanos eran capaces de hacer desaparecer bosques enteros. Que incluso, hacían aparecer bosques encantados, en los que todos los árboles eran de la misma especie y tenían la misma edad. Daba escalofríos pensar aquello. Por todo esto, le había cogido algo de miedo también a esas máscaras. Y cuando vio al zapatero, enseguida fue a contarle a sus amigos que un insecto mágico había llegado al bosque.




Al día siguiente, un lobo se encontró con nuestro zapatero. “Tengo mucho hambre.” -le dijo. “Si de verdad sabes hacer magia, tráeme el cordero más grande del mundo. O de lo contrario, te comeré.” El zapatero se quedó mirando al cielo. El lobo quiso saber qué estaba mirando, y ¡qué sorpresa! En el cielo había un cordero, el más grande que jamás hubiera imaginado. El lobo quiso pedirle al zapatero que bajara aquel cordero del cielo, porque ahí arriba no se lo podía comer. Pero cuando quiso hablar con él, éste había desaparecido.


Esa misma tarde, un ratón se encontró con nuestro zapatero. “Tengo mucho miedo.” - le dijo. “El lobo está hambriento, y quiere comerme. Mi pelaje es marrón claro, y se me ve en cualquier lado. ¿Podrías cambiar el color de mi pelaje, para que fuera de camuflaje?” El zapatero se quedó mirando al cielo. El ratón quiso saber qué estaba mirando y de repente el cielo se puso muy negro y comenzó a llover. Los truenos resonaban con el eco de las montañas y los relámpagos lo iluminaban todo. Cuando quiso preguntarle si aquella tormenta podía ayudarle a cambiar su pelaje, el zapatero había desaparecido. Sin embargo, al volver a su madriguera, su familia le preguntó cómo había conseguido cambiar el color de su pelaje. Estaba repleto de manchas oscuras. Al tocarlas, se dieron cuenta de que estaban mojadas. “¡Hurra! La lluvia ha oscurecido mi pelaje. ¡Viva el Zapatero Hechicero!”


Pronto se corrió la voz y todos los animales de aquel bosque habían escuchado el mismo rumor: en el bosque había un insecto, llamado zapatero, con poderes mágicos. Incluso, le habían puesto nombre: “El Zapatero Hechicero”. Algunos le tenían miedo e intentaban no mirar debajo de las malvas, por si se lo encontraban. Otros más atrevidos le buscaban para pedirle un sortilegio o un conjuro mágico que hiciera realidad sus sueños. Los únicos que no tenían miedo fueron Los Gatos con Batas. Sentían mucha curiosidad y querían conocerle.

Por fin llegó el día en el que Los Gatos con Batas encontraron al “Zapatero Hechicero”. Al acercarse a él observaron que se quedaba mirando al cielo. Entonces se presentaron: “Hola. Somos Los Gatos con Batas. ¿Cómo te llamas?” Él dijo que era un zapatero. Entonces le preguntaron si había visto a un lobo o a un ratón de pelaje claro. El zapatero les dijo que sí.

Plata y Tulio le contaron que en el bosque corría el rumor de que era un insecto mágico. Que un lobo decía que era capaz de hacer aparecer corderos en el cielo, y que un ratón aseguraba que era capaz de hacer llover de repente. El zapatero les confesó que también había escuchado esos rumores, pero que no sabía cómo había podido lograr todo aquello.

- Llegué al bosque dando volteretas. El viento soplaba tan fuerte que estuve rodando y rodando tooodo el día.

Los Gatos con Batas estaban muy asombrados con aquella historia y le escucharon atentamente. Les contó que en el bosque vivían animales salvajes, muy diferentes a los que él conocía de la granja. Y que nada más llegar al bosque se encontró con un mono, que le recordaba a los humanos. Pero cuando le dijo que era un zapatero, se fue corriendo. También encontró a un lobo que se parecía mucho a los perros que tanto miedo le daban. Y a un ratón. Éste sí que le daba miedo. Bueno, todo le daba miedo porque estaba solo y no conocía aquel lugar… Nunca había sentido tanto miedo, tanto como para quedarse paralizado, mirando al cielo, cada vez que un animal se le acercaba. Por eso, había dejado que los animales creyeran esos rumores. Pensaba que así nadie le haría daño. Pero que en realidad, no sabía cómo lo había logrado.

- ¿Y por qué nos cuentas a nosotros la verdad? - dijo Plata.
- Porque creo que vosotros podéis ayudarme a resolver este misterio. Me gustaría saber cómo logré que apareciera una oveja en el cielo y que se pusiera a llover de repente.


Los Gatos con Batas se alegraron al escuchar sus palabras. Había demostrado ser un animal noble. “Tú no eres un Zapatero Hechicero, eres el Zapatero Sincero.” dijo Tulio.

Entonces Los Gatos con Batas se pusieron a investigar.

- Veamos, ¿en qué orden ocurrieron los hechos? - dijo Tulio.
- Por la noche el zapatero llegó al bosque dando volteretas, a la mañana siguiente apareció una nube con forma de oveja y esa misma tarde llovió con mucha fuerza. - dijo Plata.
- ¡Qué interesante! -dijo Tulio- Probablemente vino empujado por el viento. En el bosque había menor presión atmosférica que en la granja en la que vivía, porque el viento va de las altas presiones a las bajas presiones.
- Claro... -continuó Plata - Esta combinación de fuerzas opuestas pueden crear vientos y resultar en la formación de nubes de tormenta, como el cumulonimbo que el lobo confundió con un cordero. Por casualidad, el lobo iba buscando uno, pero no iba mirando al cielo precisamente para encontrarlo.
- Jajaja -rieron todos.

- ¿Pero entonces, yo no fui el causante de que se pusiera a llover de repente? -preguntó confundido el zapatero.
- No, no fuiste tú. -dijo Tulio.
- Lo que ocurrió fue una serie de coincidencias muy divertidas. -dijo Plata.
- Vale, vale. Creo que ya lo he entendido. - dijo más tranquilo el zapatero-
- Lo que ocurre es que a veces pensamos que algo que ocurre antes es la causa de algo que ocurre después. -dijo Plata.
- Como cuando el lobo me pidió un cordero, y después apareció una nube grande en el cielo con forma de cordero. Lo que quieres decir es que en realidad el que el lobo me pidiera un cordero, no es la causa de que apareciera aquella nube en el cielo.
- ¡Exacto! Veo que lo has entendido perfectamente. -dijo Plata.
- Eres un insecto muy inteligente, amiguito. -le dijo Tulio- Nos alegra mucho tenerte en este bosque.

Los días siguientes a este encuentro, Los Gatos con Batas se encargaron de hablar con los animales más cotillas del bosque, empezando por el mono, el lobo y el ratón que estuvieron con el zapatero. Les contaron a todos la conversación que habían tenido con el zapatero, y les explicaron que aquel zapatero se merecía todo su respeto. Era un insecto noble e inteligente.

Desde entonces, en aquel bosque, si preguntas por un zapatero, todos te dirán orgullosos: “Aquí vive el Zapatero Sincero”.

Colorín, colorado... en este cuento ¡hemos experimentado!

Reto

Durante el cuento los niños han visto como un juguete zapatero daba volteretas, y les ha llamado la atención. Para que puedan responder al reto, les contamos primero cuál será el experimento: vamos a construir dos zapateros de juguete que den volteretas, utilizando papel y canicas. Uno de ellos lo construiremos con una sola canica, y el otro con dos canicas. A continuación, los haremos caer a la vez por dos pendientes iguales, partiendo de la misma altura. El reto consiste en responder a la siguiente pregunta, antes de hacer el experimento: ¿Cuál de los dos zapateros llegará antes al suelo: el de una canica, el de dos canicas, o los dos a la vez?

Experimento

Utilizando el dibujo que ves a continuación, colorea el zapatero y el contorno dibujado. Para tu comodidad, puedes descargar este pdf en A4 que permite imprimir tres juguetes zapateros.

A continuación, recorta por la línea contínua y dobla las líneas discontinuas, de forma que puedas construir una cajita tal y como se ve en la fotografía siguiente.


Empieza por pegar con celo el gran rectángulo: el extremo que tiene las líneas discontinuas quedará debajo. A continuación, dobla y pega uno de los laterales. Mete en la cajita una canica y cierra la cajita doblando el otro lateral y pegándolo con celo.

Repite el proceso, pero ahora metiendo dentro dos canicas en lugar de una. (Si la actividad se hace con un grupo de niños, podemos pedirles que elijan poner una o dos canicas. Así entre los juguetes de todos podremos hacer el experimento.)

Ya hemos construido los juguetes: ahora vamos a ponerlos en funcionamiento, y a hacer con ellos un experimento. Para ello, vamos a necesitar dos rampas iguales. Nosotros las hemos construido a partir de una caja de cartón. Para que los zapateros de papel no se deslicen y puedan caer dando volteretas, necesitan una superficie que ofrezca rozamiento. Nosotros la hemos conseguido utilizando fieltro de colores. ¿Preparados?


Primero ¡a jugar! Hay que conseguir que el zapatero dé volteretas. Ponlo en vertical y suéltalo desde la parte más alta. Cuando hayas jugado un ratito, vamos a hacer nuestro experimento.

La pregunta es: ¿Cuál cae antes al suelo: el de una canica, el de dos canicas, o los dos a la vez? Formula tu hipótesis respondiendo a esta pregunta... ¿Ya la tienes? ¡Vamos a comprobarlo!

Para ello, dejaremos caer desde la parte más alta dos zapateros a la vez: por una rampa el de una canica y por la otra rampa el de dos canicas. Si sois un grupo grande, podéis hacer el experimento con todos los zapateros. Poneros en dos filas: los de una canica para una rampa, los de dos canicas, para la otra. ¿Listos? Que comience la cuenta atrás :-)

Cuando hayáis realizado el experimento varias veces, al menos tres o cuatro veces, podéis responder a la pregunta del reto a partir de las evidencias que habéis observado. Comprobaréis si vuestra hipótesis era cierta. ¿Os ha gustado? ¿Qué otras preguntas os han surgido al hacer este CREA? Nos encantará leer vuestros comentarios.

La explicación

"¡Vean, Galileo tenía razón!" Después de realizar nuestro experimento, podemos utilizar la misma frase con la que David Scott anunció el resultado de un curioso experimento que realizó durante su estancia en la Luna, como parte de la tripulación del Apolo 15, y con el cual demostró al mundo una de las mayores aportaciones de Galielo Galilei al avance de la Ciencia y el conocimiento: “Todos los cuerpos caen con la misma aceleración, independientemente de su peso.

En la Luna no hay atmósfera, por lo que no hay nada que se oponga a la caída de los objetos sobre la superficie lunar. El astronauta Scott dejó caer, al mismo tiempo y desde la misma altura, una pluma y un martillo. Y tal y como había predicho Galileo tres siglos antes, los dos tocaron el suelo lunar al mismo tiempo. Puedes ver el vídeo del experimento en Youtube.



En nuestro experimento, los juguetes con una canica tienen (aproximadamente) la mitad de la masa que los juguetes con dos canicas. ¡Y sorprendentemente, ambos llegan al mismo tiempo al suelo! ¿No es maravilloso?

¿Quieres más?

Antes de escribir este cuento, nos encontramos con un zapatero en frente de casa…


¡Pero lo confundimos con una mariquita! ¿A ti también te ha pasado? Por suerte, nuestro amigo Pedro nos advirtió de este error. Es muy curioso: son insectos muy diferentes. ¿Te atreves tú a buscar las diferencias? Si investigas en wikipedia al zapatero (hemíptero)y a la mariquita (coleóptero), al menos podrás decir tres diferencias fácilmente. Para saber más sobre zapateros, nosotros leímos a botanical-online.com, perdidoenelamazonas y al ichn.iec.cat.

Si te ha gustado conocer sus diferencias, déjanos un comentario y cuéntanoslas. :-)

Esperamos que con este CREA de primavera hayáis disfrutado tanto como nosotros.